El placer de lo desconocido

Recuerdo mi primer viaje como se recuerdan algunas viejas películas: en blanco y negro, como un sueño peso a que no ocurriera nada de especial, excepto que era la primera vez que subía a un tren de largo recorrido. Tenia 16 años y unas enormes ganas de conocer mundo, así que me fui a la Feria de Sevilla invitada por una amiga íntima, no sin antes haberme encomendado a todos los santos pues la sola idea de que pudiera pasarme algo – entonces madres y abuelas amenazaban con mil y un peligros a nada que te separases de ellas – , me llenaba de angustia y temor. Una sensación se evaporó justo en el momento en que caí rendida entre los brazos de Morfeo.

Después de aquellas mis primeras vacaciones, he viajado mucho por tierra, mar y aire. He cruzado varias veces el charco, he dado la vuelta a Europa y al norte de África, pero la experiencia es siempre la misma: siento mariposas en el estomago.

Es algo que no puedo explicar porque no tiene explicación que después de tantos años, de tantos viajes, de tantos imprevistos, siga sintiendo el mismo placer por lo desconocido que sentí aquella tarde. Lo que me lleva a pensar que conservo en mi interior la ilusión que tenia de jovencita, sin experiencia, que no había despertado a la vida.

No conformarse y luchar por todo aquello que anhelas, es otra manera de decir que hay que hay que seguir adelante. La vida hay que saborearla con la misma intensidad que sientes cuando preparas un viaje. Sabiendo, eso si, que es una aventura y que como tal tiene unos riesgos que hay que sortear con habilidad, si no quieres morir en el intento.

Texto “roubado” na revista “Ida y vuelta” no aviãozinho da Ibéria que nos levou a Amsterdão. A autora é Rosa Vi…qq coisa!(rasguei a porcaria da folha às pressas!)

O próximo post é sobre a viagem em si, prometo!

PS: Para quem não saiba, mariposas é borboletas.

One comment:

  1. Pois… tens mariposas no estômago… Diz-lá o que andas-te a fumar…:P

    😉 Adorei o texto, tiveste muita sorte de o ter encontrado nesse voo.
    Sempre que viajo também sinto isso. A eterna curiosidade de ver tudo. Mesmo que se viaje para um sitio já conhecido, há sempre algo novo… Às vezes acontece-me isso aqui em Lisboa. Quando decido ir percorrer as suas ruas como se fosse um estrangeiro a visitar pela primeira vez

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